Poca memoria, cuando respiramos olvido. Y dejamos atrás las voces de los que, antes que nosotros, recorrieron el camino. Gladiadores de la libertad, la diversidad, la tolerancia, la diferencia, la cultura, la investigación. Cuestionados, perseguidos, sometidos, injuriados y discriminados todos ellos por luchar por lo que hasta ayer nosotros considerábamos irrenunciable. Y hablamos de ayer, que no hace tanto tiempo.
El olvido es el cloroformo con el que dormimos la conciencia. No mirar atrás, mantiene intactas las razones para claudicar al miedo. Sálvese quien pueda. Eso es lo que hacemos. Sin importarnos el precio que finalmente paguemos. Y volvemos a pensar lo que quieren que pensemos. Y a buscar culpables de nuestro propio miedo.
Volvemos a estar en guerra. Otra guerra injusta, como todas. Otra guerra igual, con estrategas de despacho, soldados de a pie y la eternamente frágil población civil.
Los primeros, como siempre, ajenos al dolor y la miseria, se llenan la boca con falsas promesas populares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de su propia ambición política.
Los segundos, obedientes profesionales que acatan órdenes exponiéndose en las trincheras, a menudo sin entender la razón por la que luchan contra un supuesto enemigo que hasta ayer, no lo era.
Y el resto somos la gran mayoría. Perpetuamente divididos entre un bando y el otro. Abducidos por el miedo, la ignorancia y las cantidades ingentes de demagogia barata que chorrean nuestros gobernantes a partes iguales. Torpes espías de balcón sin memoria, abanderados únicamente con las razones de otros y condenados a buscar culpables para justificar tanto nuestra cobardía como nuestra falta de criterio.
Poca memoria, cuando respiramos olvido. Que no todo vale, ni en el amor ni en la guerra.
La historia nos exhorta desde el pasado que no volvamos a repetirla. Voces valientes que no hace tanto, se apagaron luchando por la libertad de pensar, la libertad de elegir y la libertad de ser, nos gritan desde el rumor de su legado. BASTA.
El enemigo no es la muerte. Ni es tu hermano, ni tu vecino.
El enemigo siempre es el miedo a vivir y el miedo a decir BASTA.
Fotografía y texto: Sandra Oval